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viernes, 27 de septiembre de 2013

INTELIGENCIA:

Preocuparse "demasiado" es señal de inteligencia
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preocupadoUn estudio neurocientífico del Centro Médico Downstate de la Universidad Estatal de Nueva York (EE UU) revela que la inteligencia y la preocupación están relacionadas con la escasez de colina en la sustancia blanca subcortical del cerebro. Los investigadores concluyen que ambos rasgos coevolucionaron en los seres humanos.

Preocuparse demasiado suele ser considerado un aspecto negativo de la personalidad, mientras que la inteligencia es una cualidad que se valora positivamente. Pero lo cierto es que la preocupación ?puede hacer a nuestra especie evitar situaciones peligrosas, por muy remotas que parezcan?, subraya Jeremy Coplan, coautor del trabajo. Y al no asumir riesgos, las personas preocupadas tienen más probabilidades de sobrevivir. "Por lo tanto, como la inteligencia, la preocupación nos aporta un beneficio", añade Coplan.

En el estudio se midió el cociente intelectual (CI) de pacientes con trastorno generalizado de la ansiedad y se comparó con el de voluntarios sanos. En quienes sufrían ansiedad, el alto cociente intelectual aparecía asociado a mayor nivel de preocupación. En los sujetos sanos, esto no sucedía. 

Los autores también comprobaron que tanto la preocupación como la inteligencia están caracterizadas por una falta de colina y otros compuestos relacionados en el cerebro. La colinaes uno de los componentes más abundantes que contienen los tejidos cerebrales en el ser humano, y su presencia resulta fundamental para la mielinización de los tejidos nerviosos.



Y además?
Fuente:

Saludos
Rodrigo González Fernández
Diplomado en "Responsabilidad Social Empresarial" de la ONU
Diplomado en "Gestión del Conocimiento" de la ONU
Diplomado en Gerencia en Administracion Publica ONU
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INTELIGENCIA EMOCIONAL: SOMOS INTELIGENTES

¿Cuán inteligentes somos?
Por: Servicio Especial
26 de Septiembre de 2013

El patólogo Thomas Stoltz Harvey no pudo resistir la tentación, y cuando tuvo el cadáver de Albert Einstein en su sala de autopsias del Hospital de Princeton robó el cerebro de uno de los genios más grandes de la historia universal y lo puso en un frasco con formal­dehído.

Desde entonces, mucho se ha hablado del tema. Para algunos, esta es una historia descabellada, pero en internet abundan las noticias sobre el peso, la talla y las más insólitas particularidades del mencionado órgano del genial físico alemán.

 

A la psicóloga Evelyn Fernández Castillo le apasiona el tema de la inteligencia emocional y enfatiza en la importancia de desarrollar una salud emocional adecuada. (Foto: Ramón Barreras Valdés)

Los científicos han intentado encontrar en él las claves de la inteligencia de un hombre que descubrió, entre otras cosas, la teoría de la relatividad y revolucionó el campo de la Física.

 

Pese a toda su genialidad, Einstein poseía un carácter rebelde, algo excéntrico y no fue el alumno más exitoso en la escuela. Tuvo unas cuantas mujeres en su vida amorosa, in­­cluyendo a su prima Elsa Einstein Lowenthal.

 

Por mucho tiempo, los estudios de la inteligencia humana se centraron en el coeficiente intelectual de los sujetos como un marcador de éxito personal, capaz de augurar un buen futuro.

 

Sin embargo, con el tiempo descubrieron que las personas en extremo inteligentes presentaban problemas para manejar su vida social, mientras otras, con una capacidad más moderada, lograban un éxito incalculable.

 

Todos sabemos del este­reo­tipo del científico loco, en­cerrado en su laboratorio y plagado de mañas y soledades. Aunque la realidad es más rica y variada, no deja de ser cierto que la capacidad de autogo­bernar la vida y tomar deci­siones puede catapultar a una persona o enterrarla en el fracaso total, amén de las notas alcanzadas al concluir sus es­tudios.

 

La otra inteligencia

 

Como bien dice Evelyn Fer­nández Castillo, psicóloga de la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, la inteligencia emocional de un sujeto define su futuro tanto o más que la capacidad de mul­tiplicar y dividir con brillantez.

 

«Este término tiene un precedente en los años 80 del pasado siglo, cuando Howard Garden elabora la teoría de las inteligencias múltiples, la cual toma en cuenta no solo el coeficiente intelectual, sino también la capacidad del individuo para relacionarse consigo mismo y con los demás. En este marco aparece el término de inteligencia emocional, acuñado por John Mayer y Peter Salovey en los años 90, y conceptualizado como una habilidad para percibir con pre­cisión, valorar y expresar emociones. También se relaciona con la capacidad de generar el crecimiento emocional e intelectual».

 

Al escuchar la explicación todo puede parecer muy fácil; sin embargo, en realidad cuesta mucho luchar contra las pasiones que intentan dominarnos, sobre todo si existe una dicotomía entre lo que queremos hacer y lo que la razón nos grita que debemos decidir.

 

Heidi Hankins tiene solo 4 años y ya es parte de Mensa, la asociación internacional de superdotados más reconocida a nivel mundial. Esta pequeña, que ni siquiera ha comenzado su enseñanza básica, tiene un impresionante coeficiente intelectual de 159, casi tan alto como Stephen Hawking (160) y Albert Einstein (160).

 

Precisamente de eso se trata, de aprender a conocerse a sí mismo y autorregularse. Este tema cobró mucho auge en el mundo a partir de la publicación del libro La inteligencia emocional, en 1995, del reconocido psicólogo Daniel Go­leman, quien trabajó también como redactor de la sección de ciencias de la conducta y del cerebro en The New York Times.

 

Este inves­tigador definió la existencia de cinco puntos que deben tenerse en cuenta a la hora de analizar si una persona posee inteligencia emocional. «En primer lugar, la conciencia emocional, es decir, la identificación de tus propias emo­ciones; luego podemos hablar del autocontrol; de la automotivación, aun en situaciones adversas; de la empatía, vista como la ca­pacidad para entender al otro con sus pro­blemas, y, por último, de las habilidades so­ciales, o sea, tener amigos, trabajar en equi­po, clave en las habilidades de lide­razgo».

 

--¿Cómo podemos reconocer a alguien con inteligencia emocional?

 

--Por lo general se conocen muy bien a sí mismos. Saben qué sienten y trazan el camino para alcanzar sus metas. Salen fortalecidos de las situaciones adversas y se relacionan bien con las personas, con las cuales establecen fuertes lazos de empatía.

 

--¿Estas habilidades pueden ser aprendidas?

 

--Por supuesto que la inteligencia emocional es educable, sobre todo en las primeras etapas de la vida. En la niñez tenemos a nuestro favor la plasticidad cerebral, y desde el punto de vista psicológico estamos en presencia de una personalidad en formación. Desde ese momento de la vida debemos desarrollar estas habilidades de autocono­cimiento. En el mundo se elaboran ya pro­gramas de educación emocional para in­sertarlos en el proceso docente.

 

En este sentido, la familia de­sempeña un rol fundamental, porque el estilo educativo que utilicen los padres incide en los hijos; una madre autoritaria no podrá formar bien a sus pequeños. También los padres deben ser capacitados para ser educadores emocionales de su descendencia.

 

--Y en el caso de los adultos, ¿también puede enseñarse?

 

--La inteligencia emocional se puede fomentar en cualquier etapa de la vida. La personalidad es dinámica, cambiable, pero la persona tiene que sentir la necesidad del cambio y buscar ayuda profesional.

 

--¿Por qué son importantes estas competencias emocionales?

 

--En la actualidad ha variado mucho la percepción del éxito. Se ha demostrado que muchas personas con un al­to coeficiente intelectual no son exitosas en su vida personal porque se tornan seres tímidos, apáticos al trabajo en grupo. Por otra par­te, también se ha corroborado que la inteligencia emocional resulta factor clave en el aprendizaje, porque el sujeto es capaz de motivarse y buscar otras alternativas si las cosas no van bien.

 

«No puede olvidarse tam­poco que la salud emocional se revierte en el plano físico, pues emociones como la ansiedad, la ira e, incluso, la depresión, tienen un efecto directo en nuestro organismo».

 

--¿Cuán difícil resulta fomentar la inteligencia emocional?

 

--La educación emocional es un proceso continuo y no circunscrito a una etapa de la vida. Aunque no puedo decirles que se trata de algo sencillo, tampoco resulta imposible educar las emociones en aras de proyectar un futuro en el que primen el autoco­nocimiento y la realización personal. (Leslie Díaz Monserrat)

 

LOS DIEZ HOMBRES MÁS

 «INTELIGENTES» DEL MUNDO

 

Estos hombres ilustres trascienden por su fama, pero casi todos vivieron una odisea en sus vidas personales. Aquí están los diez hombres más «inteligentes» del mundo, según la escala que mide el coeficiente intelectual (CI). Los valores de una persona con una capacidad de aprendizaje normal oscilan entre los 90 y 100 puntos.

 

1) Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832), poeta, novelista, dramaturgo y científico alemán que ayudó a fundar el romanticismo, movimiento en el que influenció profundamente. (CI 210)

 

2) Isaac Newton (1642-1727), físico, filósofo, teólogo, inventor, alquimista y matemático inglés que descubrió la ley de la gravedad. (CI 190)

 

3) Galileo Galilei (1564-1642), astrónomo, filósofo, matemático y físico italiano relacionado estrechamente con la revolución cien­tífica. (CI 185)

 

4) Leonardo da Vinci (1452-1519), notable artista y científico de la ilustración italiana. (CI 180)

 

5) Ludwig van Beethoven (1770-1827), compositor, director de orquesta y pianista alemán. (CI 165)

 

6) Wolfgang Amadeus Mozart (1756- 1791), compositor y pianista austriaco, maestro del clasicismo, considerado uno de los músicos más influyentes y destacados de la historia. (CI 165)

 

7) Charles Darwin (1809-1882), naturalista inglés que postuló que todas las especies de seres vivos han evolucionado con el tiempo a partir de un antepasado común, mediante un proceso denominado selección natural. (CI 165)

 

8) Albert Einstein (1879-1955), físico alemán de origen judío que descubrió la teoría de la relatividad. (CI 160)

9) Stephen Hawking, físico, cosmólogo y actual divulgador científico del Reino Unido. (CI 160)

 

10) Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616), soldado, novelista, poeta y dramaturgo español. (CI 155)

 

 

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Rodrigo González Fernández
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INTELIGENCIA EMOCIONAL


inteligencia emocionalinteligencia emocional

Cuando hablamos de inteligencia emocional nos referimos a la capacidad humana de sentir, entender, controlar y modificar estados emocionales en uno mismo y en los demás. La inteligencia emocional no pretende ahogar las emociones, sino que de lo que trata es de dirigirlas y equilibrarlas.

Este concepto de Inteligencia Emocional, si bien ahora está de actualidad, los psicólogos en oviedo, los psicólogos en gijón y los psicólogos en avilés nos han indicado que tiene un claro precursor: el psicólogo Edward Thorndike (1920), que definió inteligencia emocional como "la habilidad para comprender y dirigir tanto a hombres como a mujeres, y actuar sabiamente en las relaciones humanas".

Para Thorndike, además de la inteligencia social, existen otros dos tipos de inteligencias: la abstracta, es decir, la habilidad para manejar ideas, y la mecánica, es decir, la habilidad para entender y manejar objetos.

Un ilustre antecedente cercano de la inteligencia emocional lo constituye la teoría de las "inteligencias múltiples" del Dr. Howard Gardner, de la Universidad de Harvard, quien plantea en el libro "Frames of Mind" de 1983, que las personas tenemos 7 tipos de inteligencia que nos relacionan con el mundo. Estas inteligencias son las siguientes:

  • Inteligencia Lingüística: la relacionada con nuestra capacidad verbal, con el lenguaje y con las palabras.
  • Inteligencia Lógica: la que tiene que ver con el desarrollo de pensamiento abstracto, con la precisión y la organización a través de pautas o secuencias.
  • Inteligencia Musical: la relaciona directamente con las habilidades musicales y ritmos.
  • Inteligencia Visual - Espacial: la que integra elementos, percibirlos y ordenarlos en el espacio, y poder establecer relaciones de tipo metafórico entre ellos.
  • Inteligencia Kinestésica: abarca todo lo relacionado con el movimiento tanto corporal como el de los objetos, y los reflejos.
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ABOGADOS VENDEDORES HAY QUE FORMARLOS


Mis abogados no venden, ¿Qué puedo hacer?

María Jesús González-EspejoPor María Jesús González-Espejo, Socia Directora deEmprendelaw

En la mayoría de los despachos colectivos con los que trabajo se produce un fenómeno común: son sólo un grupo de abogados (en EE.UU. los llaman "rainmakers") quienes están siendo capaces de atraer clientes y esto, en algunos casos, produce cierto nivel de frustración y preocupación entre quienes forman ese grupo de "privilegiados" que no entiende las razones por las que el resto de profesionales no logran lo mismo que ellos.

Durante los años pasados, en los que la cartera de clientes aumentaba casi sin esfuerzo, que la venta fuera cosa de unos pocos, no era relevante. Pero ahora que escasea la clientela, y la que hay, paga tarde y mal, conseguir nuevos clientes y mantener a los que se tiene, ha pasado a ser prioridad en la agenda de muchas de las firmas legales españolas. Sin embargo, diagnosticar sobre el funcionamiento comercial de sus organizaciones y encontrar soluciones para lograr el cambio, no es tarea sencilla. En este artículo sugiero algunas pautas sobre cómo actuar en estos casos.

En primer lugar, hay que hacerse una serie de preguntas: ¿Tienen los abogados un plan de desarrollo de negocio personal? ¿Tiene el despacho un plan de desarrollo común que englobe los individuales de cada abogado? ¿Destina el despacho recursos a dar apoyo a los abogados en el análisis del mercado, la organización de eventos, la formación comercial, etc.? ¿Dispone el despacho de la tecnología adecuada para gestionar de forma profesional la actividad comercial? ¿Ha creado el despacho un sistema de remuneración que premie los logros comerciales?

Sin planes, sin recursos financieros, humanos y tecnológicos y sin motivación extrínseca, es complicado cambiar esquemas mentales y conductas. Con todo lo anterior hay esperanza. Pero lo más importante es la voluntad. Son muchos los casos en los que en el transcurso de una primera sesión con un abogado (que me han pedido que ayude a convertir en "rainmaker"), me encuentro con un muro, más sólido que el de Berlín, que me indica sin contemplaciones: "Yo no soy un vendedor, yo soy un técnico y a mi me contrataron para hacer Derecho, no para conseguir clientes". Y es que para muchos abogados la palabra "venta" y el calificativo "vendedor", tienen una connotación peyorativa y su ejercicio, les parece casi indigno y capaz de acarrearles consecuencias negativas para su prestigio profesional. Me he preguntado más de una vez por los orígenes de esta asociación mental y creo que tiene que ver con razones sociales y educativas. Nuestros estudios se mueven (o se han movido hasta bien poco y confío en que Bolonia logré por fin traer consigo ese necesario anclaje práctico que cualquier cliente adora en su consejero jurídico) en un plano teórico que nos aleja de la realidad y nos coloca en un mundo abstracto, de las ideas. El buen estudiante de Derecho estudia, memoriza y expone sobre el ordenamiento jurídico ya existente. El buen estudiante de Derecho no sale a la calle a observar tendencias, ni entrevista, ni dedica su tiempo a analizar la realidad económica de su país.

Además, cuando ese buen estudiante de Derecho entra en un despacho, lo normal es que no se le confíen las relaciones con los clientes, porque "no sabe" y es arriesgado que represente al despacho. Así que se le confina unos años a la realización de necesarias labores de "telonero". Tras unos años, si esas labores se realizan de forma exitosa, el abogado pasa a un plano visible y desde ese momento, su faceta comercial le es exigible y ahí es cuando surgen, en la mayoría de los casos, el problema que antes he expuesto, el de la "resistencia al viento", perdón a la "venta".

Y ¿qué soluciones tiene el despacho para superar este reto? Yo diría que varias:

  1. La primera y más importante, seleccionar profesionales que no sólo tengan excelentes conocimientos técnicos, sino potencialidad para la venta e indicarles desde el inicio de la relación laboral, para que luego no se lleven sorpresas, que su rol pasa no sólo por ser el mejor jurista, sino también un excelente gestor de clientes.
  2. En segundo lugar, incluir actividades comerciales dentro de la agenda de sus abogadosdesde el inicio de la carrera.
  3. Tener un plan de desarrollo de negocio claro y compartirlo con la organización.
  4. Formar a sus abogados en técnicas y herramientas útiles para la venta.
  5. Retribuir premiando en consonancia con los objetivos que se fijen en el plan.

No existe una fórmula mágica para lograr enfocar a los profesionales hacia la labor comercial, pero sí una panoplia de herramientas entre las que elegir y que permiten, utilizadas de forma adecuada, que los mejores abogados se conviertan además en los mejores gestores de los clientes del despacho.

María Jesús González-Espejo

Socia Directora de Emprendelaw


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