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lunes, 18 de julio de 2011

El éxito de los grandes cazadores de nuevas ideas

El éxito de los grandes cazadores de nuevas ideas

17.07.2011 Madrid Quique Rodríguez 0

Dos estadounidenses estudian a los grandes innovadores que cambiaron el mundo.

Walt Disney, con su mujer y su hija en 1957, conduciendo un coche del The Walt Disney Family Museum, inaugurado en 2009 en Nueva York. / Efe

Walt Disney, con su mujer y su hija en 1957, conduciendo un coche del The Walt Disney Family Museum, inaugurado en 2009 en Nueva York. / Efe

Dos cazadores de ideas, descubriendo los secretos de los grandes cazadores de ideas de la Historia, que han revolucionado sus economías, sus empresas o sus sociedades, con el objetivo de entrenar a los directivos en el arte de convertirse en cazadores de buenas ideas.

Porque una de las creencias que mueven a los profesores Andy Boynton, decano de la Carroll School of Management del Boston College, y Bill Fischer, profesor del IMD, a escribir The idea hunter es la convicción de que las grandes innovaciones que pueden aplicarse y cambiar el mundo no sólo pueden ser patentadas por grandes genios o personas muy brillantes, sino que son una capacidad que puede ser entrenada.

Se trata más bien, sugieren los autores, de una actitud, de una forma de trabajar y de pasar por el mundo; y la inspiración, como creía Picasso, puede llegarle a quien se lo proponga y esté siempre atento a todo lo que le rodea para convertirse en un avezado cazador de ideas que revolucione su empresa, impulse sus negocios, catapulte su carrera profesional o, como muchos otros antes, incluso cambie en buena medida los hábitos sociales o el desarrollo del mundo.

Como Thomas Alva Edison, empresario estadounidense que hace un siglo se convirtió en uno de los más prolíficos inventores de la Historia, que patentó un millar de ideas –una cada quince días en su vida adulta– y que contribuyó al desarrollo de la industria eléctrica, el sistema telefónico, el fonógrafo o las películas.

Él es uno de los históricos cazadores de ideas que Boynton y Fischer usan en esta obra para desvelarnos los secretos de la innovación y la creatividad. Pero no se trata de un libro de biografías ni una sucesión de historias de éxito empresariales. Boynton y Fischer van desgranando diferentes vicisitudes de estos interesantes inventores, empresarios y emprendedores a lo largo de la obra en su afán por infundar en los lectores el espíritu innovador, que para ellos consiste en un hábito y en una forma de mirar alrededor.

También nos hablan de Walt Disney, otro célebre empresario estadounidense, productor, director, guionista y animador que fundara junto a su hermano Roy The Walt Disney Company, la emblemática empresa de animación que en 2010 generó unos ingresos anuales de 38.000 millones de dólares (casi 27.000 millones de euros).

Pero también nos descubren el carisma emprendedor e innovador de personajes quizá menos conocidos en nuestro país como Mary Kay Ash, la humilde fundadora de Mary Kay Inc., una de las mayores firmas mundiales de cosméticos, de estructura multinivel, que actualmente mueve un volumen de negocio de unos 2.600 millones de dólares anuales (1.800 millones de euros aproximadamente).

Después de treinta años como vendedora de éxito no promocionada en favor siempre de sus compañeros varones, en 1963, esta texana abrió un pequeño local en Dallas, primer germen de su actual imperio de venta de productos de belleza, con una pequeña inversión de 5.000 dólares (unos 3.500 euros) junto a su hijo, que entonces sólo contaba con veinte años.

Y Phil Schiller, estrecho colaborador de Steve Jobs y vicepresidente mundial de márketing de productos, que recibió la segunda llamada desde un iPhone –la primera fue el propio Steve Jobs–.

Los autores van presentando en las páginas de The idea hunter, desde el punto de vista de la innovación y el cambio, a otros líderes empresariales y financieros como el inversor Warren Buffett; Tim O'Reilly, CEO de O'Reilly Media, uno de esos emprendedores que triunfan en el mundo tecnológico de Silicon Valley; Jim Kopch, fundador y presidente de Boston Beer Company; Jack Huges, también primer ejecutivo y fundador de TopCoder, empresa pionera en el desarrollo del modelo de crowdsourcing –la externalización masiva de tareas a un gran número de personas en una convocatoria abierta–.

Fischer, especialista en temas de dirección tecnológica y de innovación, y Boynton, experto en liderazgo e innovación, van desgranando en esta obra las claves del éxito de estos y otros muchos cazadores de ideas que triunfaron en el mundo de los negocios y la empresa. Ellos reúnen los cuatro principios que para los autores componen el acrónimo I-D-E-A: interés, diversidad, ejercicio y agilidad.

El libro está lleno de consejos y va proponiendo un ejercicio que se puede ejercitar en la vida cotidiana al final del capítulo dedicado a cada uno de esos cuatro principios.

El secreto para ser un cazador de ideas, porque ellas están ahí, esperando a ser atrapadas por algún atento explorador, es estar interesado, no solamente ser interesante; desarrollar el dominio de los hábitos necesarios para ello; crear grandes conversaciones para lograr que las ideas fluyan, observar, escuchar, escribir y poner en práctica.

Inventores de un método para crear directivos inventores

'The idea hunter' es la segunda obra escrita conjuntamente por Andy Boynton y Bill Fischer, dos estudiosos del universo empresarial vinculados a las escuelas de negocios y a la formación de ejecutivos a ambos lados del Atlántico.
Creadores de un método para impulsar la innovación en los directivos que han bautizado como 'Deepdive', hace seis años ya escribieron juntos la obra 'Virtuoso teams: Great teams that changed their world'.

Boynton es el decano de la Carroll School of Management, la escuela de negocios del prestigioso Boston College, un centro fundado en la tradición jesuita y ubicado en una ciudad que se ha convertido en la cuna educativa de la elite empresarial y financiera de los Estados Unidos.

Antes de alcanzar el decanato de este centro, especialmente reputado en todo el mundo en la formación sobre espíritu emprendedor y creación de empresas, Boynton dio clases en otras instituciones educativas de relumbrón internacional, como la Kenan-Flagler School of Business de la University of North Carolina at Chapel Hill, en la Darden School of Business de la University of Virginia y en el International Institute for Management Development (IMD), en Lausanne (Suiza), donde coincidió con su compañero de batallas, Fischer.

Éste, por su parte, ingeniero y neoyorkino de nacimiento, ha desarrollado gran parte de su trayectoria docente en Europa y Asia. Como Boynton, formó parte del claustro de la Kenan-Flagler School of Business de la University of North Carolina at Chapel Hill durante veinte años y ha sido presidente ejecutivo y decano de la China Europe International Business School (Ceibs).

En el IMD ha sido el creador del programa 'Driving strategic innovation' que la escuela de negocios suiza imparte junto a la Sloan School of Management del célebre Massachusetts Institute of Technology (MIT).

Juntos, Boynton y Fischer han patentado el método 'Deepdive', con el objetivo de desarrollar las capacidades innovadoras de los ejecutivos. Según explican los propios autores, este método consiste en meter durante un tiempo que puede variar entre cuatro y ocho horas a entre 20 y 300 directivos en una sala especialmente diseñada para mantener conversaciones y discusiones, y se les presenta un problema sobre el desarrollo de una estrategia, sobre un recorte de costes o temas similares, que deben solucionar en equipo, generando ideas en un debate en el que unos triunfan y otros no salen bien parados. Pero, en todo caso, sus creadores aseguran que se generan soluciones prácticas e innovadores que pueden implementarse.

Lo más importante en toda tu vida

Bill Fischer comienza la jornada a las 8 de la mañana dirigiéndose a un selecto auditorio formado por un grupo de ejecutivos de diversos sectores llegados desde distintos puntos del planeta.

En una hora y media trata de infundirles el espíritu y el sentido de la innovación de su última obra, 'The idea hunter', en una conferencia titulada con el mismo nombre que abre una de las jornadas del 'Orchestrating Winning Performance' ('OWP'). Éste es el curso estrella del IMD suizo, la escuela de negocios en la que actualmente es profesor este estadounidense.

Fischer les subraya con energía la importancia de la calidad de las conversaciones para generar nuevas ideas, y también del interés por escuchar con atención lo que nos cuenta todo el mundo. Para él nunca se sabe cuándo ni dónde puede saltar la liebre, y no deben menospreciarse las aportaciones de nadie. "Tienes que atender a cada cosa que te van a contar como si fuera lo más importante que te van a decir en toda tu vida", enfatiza.


Fuente:

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Rodrigo González Fernández
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Evita ser un micromanager

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Un micromanager corta de raíz la autonomía de sus empleados.

Evita ser un micromanager

Muchos ejecutivos no son capaces de percibir cuando caen en este ineficaz estilo de gestión, ¿cuáles son sus señales? ¿Cómo evitarlo? Hoy te lo decimos.

Escrito por: Altonivel

Dentro del exigente ámbito empresarial hay líderes que en su afán por rayar en la perfección, intentan tomar el control de todas las tareas, olvidándose de la delegación.

Funciona así: asignas una tarea con plazos definidos, sin embargo, lo atosigas preguntando constantemente sus avances, le mandas 10 y hasta 20 correos electrónicos al día con preguntas redundantes, y no le dejas trabajar en paz.

Cuando algo así sucede es porque estás cayendo en el denominado efecto "micromanagement" que consiste en un estilo de gestión que se caracteriza por tratar de tener un control absoluto de las actividades.

¿Totalmente negativo? No, sin embargo existen tipos de liderazgo mucho mejores y que no generan tanto nivel de estrés en los trabajadores ni los jefes. Y es que la obsesión por el control, puede transmitir a sus empleados una sensación de desconfianza y, finalmente, afectar la productividad. Es clásico de los malos jefes.

Existen algunos signos que te pueden indicar que vas en ese camino, como cuando tienes dificultades para delegar tareas, incluso en personas que son de tu entera confianza y que sabes que son muy competentes.

Asimismo, te comienzas a inmiscuir en proyectos sobre los que no tienes competencia, adjudicándote tareas que no puedes desarrollar.

Los detalles sin importancia también se transforman en un signo de micromanagement. Cuando te empecinas en corregir cosas pequeñas en vez de centrarte y tener una visión general del proyecto.

Por último, no favoreces las iniciativas de los demás, el desarrollo de tus empleados y exiges ser constantemente consultado en cualquier asunto, perjudicando al clima laboral.

Como consecuencia, incluso si tus empleados tienen un talento excepcional en un área determinada, probablemente comenzarán a perder la confianza en su capacidad, convencidos de que hagan lo que hagan nunca estarán a la altura que se les exige.

Un micromanager corta de raíz la autonomía de sus empleados.

Cómo evitarlo

Si sientes que cumples con gran parte de las características enumeradas, no desesperes, existe la posibilidad de enmendar tus errores y escapar de ese tipo de liderazgo que probablemente terminará estresándote, para convertirte en un buen líder.

Comienza promoviendo una delegación efectiva y selectiva, es decir, olvídate casi por completo de aquellas tareas que entregas a tus trabajadores más capacitados. Esto, a su vez, mejorará tus relaciones laborales.

En segundo lugar, estimula la proactividad de tus empleados ofreciendo proyectos o impulsando a que ellos propongan ideas (Recursos Humanos).

Además, intenta tener una comunicación activa con tus empleados. Dicho cambio se debe generar desde las políticas de las empresas.

Manténte abierto a recibir ayuda de tus trabajadores; ellos te ayudarán a corregir tus hábitos de micromanagement.


Fuente:

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Rodrigo González Fernández
Diplomado en "Responsabilidad Social Empresarial" de la ONU
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